Vida de oración

Para alcanzar vida de oración, preciso es que al correr del día, elevemos con frecuencia el corazón hacia el Señor, conversemos con él a propósito de cualquier cosa que nos aconteciere, como lo hacemos con el guía que nos acompaña en la ascensión a una montaña; si lo hacemos así, cada vez que nos detengamos un momento, para comunicar alguna cosa más íntima a ese guía nuestro, tendremos algo interesante que contarle, sobre todo si hemos sido dóciles a sus inspiraciones, ya que estaremos santamente familiarizados con él (Garrigou Lagrange, Las tres edades de la vida interior)

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