Piedad

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    El término piedad puede tomarse en diversos significados: como sinónimo de devoción, como compasión y misericordia («ten piedad de nosotros»), como una virtud derivada de la justicia, como uno de los dones del Espíritu Santo. Gracias a este don el fiel, con el convencimiento íntimo de ser una criatura, hijo de Dios, redimido por Cristo, se siente movido a amar a Dios como Padre misericordioso con afecto filial y a cumplir los deberes religiosos con celo y solicitud. Resulta entonces claro el sentido de la expresión «prácticas de piedad» (con la que se entienden de ordinario las oraciones y devociones) y la de «libros y opúsculos de piedad» – También se hábla de «ejercicios piadosos»: expresión de oración comunitaria o individual, que se desarrolló en la piedad de la Edad Media y de la época moderna para cultivar e1 sentido de la fe y de la devoción al Señor, a la Virgen María y a los santos, en unos tiempos en que el pueblo permanecía lejos de las fuentes de la Biblia y de la liturgia. Entre estos piadosos ejercicios podemos mencionar el Vía crucis, la oración del Ángelus, el santo rosario y las letanías de la Virgen… Pero en los manuales de teología moral la piedad sirve también para indicar una virtud que es «parte potencial de la justicia», que inclina a rendir el amor y el honor debido, no solamente a Dios, sino a los padres, a la Iglesia y a la patria. Esta virtud está impuesta en el cuarto mandamiento del Decálogo, que asienta las bases de la vida familiar y social. Los autores especifican en particular los deberes de piedad: de los padres con los hijos, entre los hermanos, entre los esposos, de los hijos con los padres, con las personas de servicio, con la patria, con los difuntos (Diccionario teológico)

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