Celo por las almas

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    El amor a Dios nos impulsa a trabajar en extender su reinado sobre las almas, y el amor a las almas hace que uno se olvide de sí mismo para no pensar más que en santificarlas ante Dios y para Dios.  Este celo es el que impulsaba a San Pablo a hacerse todo para todos a fin de ganarlos a todos (1 Cor 9,22) y el que le hacía exclamar con caridad sublime: « ¿Quién enferma que no enferme yo con él?» (2 Cor II, 29). (A. Royo Marín, Teología de la perfección cristiana, 682)

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