La Oración https://la-oracion.com Aprende a orar Thu, 23 Feb 2017 04:48:27 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.2 El silencio del amor propio https://la-oracion.com/el-silencio-del-amor-propio/ https://la-oracion.com/el-silencio-del-amor-propio/#respond Tue, 21 Feb 2017 15:00:08 +0000 http://www.la-oracion.com/2016/05/19/el-silencio-del-amor-propio/ Seguimos reflexionando sobre el silencio del espíritu, es decir, el silencio que el Espíritu Santo va obrando en nuestras almas. Ahora profundizaremos sobre otro silencio que el Espíritu Santo realiza en nosotros, el silencio del propio amor.

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Seguimos reflexionando sobre el silencio del espíritu, es decir, el silencio que el Espíritu Santo va obrando en nuestras almas. Ahora profundizaremos sobre otro silencio que el Espíritu Santo realiza en nosotros, el silencio del propio amor.

Silencio para elegir sólo a Dios

No me refiero al amor propio, a ese mal carácter o trato difícil que tenemos sino que este silencio como purificación de algo bueno que hay en mí, diría, de lo más noble que hay en nuestro interior. Se trata de purificar la capacidad de amar. Por lo tanto, no es vaciarse de algo negativo, sino vaciarse de algo bueno, del propio amor para ser llenados totalmente por el Amor de Dios. Es decir, nos referimos a aquel silencio que Dios regala a fin de que, al mismo tiempo que crecemos en el amor, nos desprendamos de él, para fijarnos solo en el Dios Amor.

Dar amor y recibir desamor

Pudiera ser que la gracia de Dios haya conseguido en nuestra vida y en nuestro actuar que impere el consejo paulino: “vence el mal con el bien”. Ante las adversidades, dificultades y errores ajenos respondemos con paciencia, con consideración, con una sonrisa, con paz, incluso interior. Pero una cosa es vencer el mal con el bien, y otra muy diversa es ofrecer el bien y recibir, en respuesta, el mal. ¿Qué doloroso e injusto es esto? ¡Cómo es probado nuestro amor cuando en respuesta a nuestro amor recibimos desprecio, incomprensión, rechazo, malentendidos, falsos testimonios! Hemos sido buenos, solamente hemos hecho el bien de modo desinteresado y recibimos malas respuestas, desamor. No hemos hecho nada para merecer tal mal, no lo hemos buscado; pero Dios lo permite. Permite que nuestro amor quede en soledad, abandonado a sí mismo, a su mismo amor. O nuestro amor sigue amando, o dejará de haber amor a nuestro alrededor.

Esto es lo que aparece en los juicios a los que fue sometido Jesús en su pasión. Él había hecho el bien: “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”. Esa es la pregunta que se hace también nuestra alma: ¿por qué la incomprensión?, ¿por qué el desprecio, el rechazo? En su reciente libro, Jesús de Nazaret, desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección, el Papa responde a la pregunta de Cristo y a las nuestras: “No se dan cuenta de que, precisamente burlándose de él y golpeándolo, cumplen literalmente en Jesús el destino del siervo de Dios: la humillación y la exaltación se entrecruzan de modo misterioso”. Continúa: “De ahora en adelante comienza algo nuevo. A lo largo de la historia, los hombres miran el rostro desfigurado de Jesús y reconocen precisamente en Él la gloria de Dios”. Así ocurre con nuestro amor: a raíz del mal que recibimos, nuestro amor puede ser realmente Amor (con mayúscula) porque es un amor como el del Padre que está en los cielos, que hace el bien, que ama, a buenos y malos.

Siembra amor…

Hemos oído decir también: “donde no hay amor, siembra amor y cosecharás amor”. Parecería que es una frase hermosa y bien construida pero no siempre corresponde a la verdad. En efecto, sembramos el bien, amor… y con frecuencia nos sentimos no comprendidos, incluso por las personas cercanas y que más nos quieren. No es que busquemos alabanza o aplauso, no. Simplemente deseamos que nuestros familiares o superiores aprecien, reconozcan, al menos compartan el bien que hacemos, el amor que prodigamos. Recuerdo una joven que, tras cierta lucha interior, decidió cuidar su modo de vestir, siendo más discreta y recatada. Para ella, era un dolor inmenso ver que no era comprendida por su hermana y su madre, que se hacía silencio en torno a su amor. ¡Cuánto sufre el amor cuando es recibido con indiferencia!

El silencio de Cristo

También Jesús sufrió esta purificación. Jesús aceptó con amor el proyecto de Dios Padre que, con su providente amor, había pensado para su Hijo. Pedro, quien más debería entender el amor humilde del Maestro al lavar los pies a los apóstoles, no comprende. Su negativa es como si le dijera (palabras nuevamente del Papa): “‘Tú eres el triunfador. Tú tienes el poder. Tu abajamiento, tu humildad es inadmisible’. Y es siempre Jesús quien tiene que ayudarnos a entender una y otra vez que el poder de Dios es diferente, que el Mesías tiene que entrar en la gloria y llevar a la gloria a través del sufrimiento”. Así también nuestro amor, sufriendo incomprensión es llevado por Dios hasta el Amor (nuevamente con mayúscula).

Lloramos al ver nuestro desamor

Mayor sufrimiento aún es cuando nosotros mismos no aceptamos nuestro propio amor. Hemos oído decir: “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. Pero no lo sabemos aplicar a nuestra propia vida. Amamos, queremos amar, queremos dar lo mejor de nosotros mismos, no solamente a los demás sino a Dios. ¡Tanto hemos recibido de Él! En cambio, en la propia vida descubrimos debilidad, miseria, pecado, tanto desamor. Y el amor sufre al reconocer el propio desamor. No queremos el mal, luchamos contra él, pero ahí está: presente a cada momento, como sombra de nuestro mismo ser que siempre nos acompaña. Y lloramos nuestro poco amor. No nos queremos ver tan vacíos de obras de amor hacia nuestro Señor.

El ejemplo de San Pedro

Pedro es modelo del sufrimiento a causa del desamor. Ante su error, él mismo se autocastiga ante el Señor: “apártate de mí que soy un pecador”. Pero, no. No es este el camino correcto a donde nos debe conducir el desamor que Dios permite en mi alma. Dice el Papa refiriéndose a las negaciones de Pedro: “el canto del gallo se consideraba como el final de la noche y el comienzo del día. Con el canto del gallo termina también para Pedro la noche del alma en la que se había hundido” en su silencio y desprecio personal. Y continúa: “la mirada de Jesús llega a los ojos y al alma del discípulo infiel. Y Pedro, ‘saliendo afuera, lloró amargamente’”. El sufrimiento del propio desamor nos debe preparar a la escucha de nuestro Señor que pregunta: “¿me amas?, ¿me amas?, ¿me amas más que estos?”. Hasta arrancarnos la única respuesta válida: “‘tú conoces todo, tú sabes que te quiero’, reconozco que no soy yo quien es Amor, sino tú, mi Dios, en mí”.

El dolor del apóstol

Todavía el amor puede ser más purificado. “Por sus frutos los conoceréis”. Es el dolor que experimenta la persona apóstol, consagrada, cuando ve que su amor no produce fruto en los demás. Cuando toda la labor que el amor ha realizado no fructifica, cuando ve hundidos en el mal a quienes su amor debía haber transformado. Se sufre por el mal que el propio amor no ha sido capaz de evitar en las personas que nos han sido confiadas. Es el dolor del padre o lxaa madre al no ver en sus hijos la coherencia que han inculcado, o el sufrimiento del formador o formadora que no ve realizado en sus religiosos el ideal que tanto se han esforzado por transmitir.
Contemplemos el sufrimiento del corazón de Cristo ante Judas. Su amor no fue capaz de evitar la traición y desesperación de Judas. Pero, anota el Papa en su libro: “sin embargo, la luz que se había proyectado desde Jesús en el alma de Judas no se oscureció completamente. Hay un primer paso hacia la conversión: ‘he pecado’, dice a sus mandantes. Trata de salvar a Jesús y devuelve el dinero. Todo lo puro y grande que había recibido de Jesús seguía grabado en su alma, no podía olvidarlo”. Esa es la certeza que debe imperar en el corazón del apóstol: no es el propio amor sino el amor de Dios, a través de uno, el que siempre alcanza fruto. Es la certeza que nace de la fe en que el Amor tiene mayor poder que el mal humano.


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Las 5 leyes estructurales del diálogo con Dios https://la-oracion.com/las-5-leyes-estructurales-del-dialogo-con-dios/ https://la-oracion.com/las-5-leyes-estructurales-del-dialogo-con-dios/#respond Mon, 20 Feb 2017 15:00:57 +0000 http://www.la-oracion.com/2012/01/05/las-5-leyes-estructurales-del-dialogo-con-dios/ ¿Cómo "funciona" el diálogo con Dios? Está claro que no es igual a un diálogo entre seres humanos. Entonces, ¿cuál es la dinámica interna del encuentro con Dios en la oración? ¿En qué consiste hacer oración? 

M. Magrassi nos ofrece una excelente síntesis:

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¿Cómo “funciona” el diálogo con Dios? Está claro que no es igual a un diálogo entre seres humanos. Entonces, ¿cuál es la dinámica interna del encuentro con Dios en la oración? ¿En qué consiste hacer oración?

M. Magrassi nos ofrece una excelente síntesis:

Cinco leyes del diálogo con Dios

La oración presupone una relación y, más precisamente, una relación de amor

Los hombres de la Biblia son los amigos de Dios. La oración, por tanto, puede descubrirse en la línea de la amistad y los orantes son los amigos de Dios que conversan con Él ya que son invitados por Él a ese coloquio.

En la relación con el hombre, Dios tiene siempre la iniciativa

Aunque en la Biblia parezca prevalecer la “búsqueda de Dios”, es él quien se mueve primero en busca del hombre. Si Dios no se hubiese revelado, todas las fatigas experimentadas para encontrarle serían válidas; pero si Él se ha revelado, es justo y prudente que lo busquemos a través del camino de su revelación concreta.

En el diálogo hay que dejar a Dios la iniciativa: orar es sobre todo escuchar

La oración en la Biblia privilegia la actitud de la escucha: “Escucha, Israel” (Dt 6,4). Al principio ya existía la Palabra. Jesús es la revelación total de Dios. Orar es acoger esta palabra y este misterio.

El hombre de la Biblia transforma en oración todas las realidades que pueblan su vida

El Dios de la oración es el Dios de la salvación, el Dios de la vida. “La oración no es una experiencia aparte, un hecho aislado. No está la oración, por un lado, y la vida, por el otro. Se ora lo que se vive…”

La oración bíblica (cristiana) es sobre todo contemplativa

Sin prescindir de la realidad personal del orante y de cuanto lo rodea, el interés de la oración apunta hacia Dios, hacia su persona y hacia su acción. La oración es esencialmente teocéntrica. A partir de Dios, el orante sabrá volver a sí mismo y a las cosas que tiene que realizar, para su gloria y en su servicio.

(Cfr. M. Magrassi, Le leggi strutturali del dialogo con Dio, en Insegnaci a pregare, n 2/1980 de la revista “Parola, Spirito, Vita” p. 7-10).


Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)

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Santificados y misericordiosos – VII Domingo del Tiempo Ordinario https://la-oracion.com/santificados-misericordioso-vii-domingo-del-tiempo-ordinario/ https://la-oracion.com/santificados-misericordioso-vii-domingo-del-tiempo-ordinario/#respond Sun, 19 Feb 2017 18:45:08 +0000 https://la-oracion.com/?p=9935 Levítico 19, 1-2. 17-18; Sal 102; Corintios 3, 16-23; Mateo 5, 38-48 Dos mensajes destacan en las lecturas de este domingo: El primero consiste en la revelación de nuestra identidad, lo que somos por gracia: “Sois templos de Dios y [...]

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Levítico 19, 1-2. 17-18; Sal 102; Corintios 3, 16-23; Mateo 5, 38-48

Dos mensajes destacan en las lecturas de este domingo:

El primero consiste en la revelación de nuestra identidad, lo que somos por gracia: “Sois templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros”. “Vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios”. Y esta identidad nos la otorga y asegura la misericordia divina: “Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura”. “Aleja de nosotros nuestros delitos”.

El segundo mensaje se deriva del primero. Si hemos recibido tanto, es de justicia tratar a los demás como nos trata Dios a nosotros. “No odiarás de corazón a tu hermano”. “No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”.

Estos dos principios se resumen en dos apotegmas: “Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo”. “Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Conciencia agradecida y comprometida

Si reparamos en la progresión del argumento, la santidad y la perfección derivan en misericordia. Si “el Señor es compasivo y misericordioso”, la llamada a la santidad y a la perfección, que viene de Dios, se cumple ejerciendo la misericordia. Toda la enseñanza se queda fuera de nosotros, como mera especulación, si no llegamos a personalizar en nuestra vida el regalo que nos ha hecho Dios, a través de su Hijo Jesucristo, al redimirnos de nuestro pecado y concedernos la dignidad identificadora de ser imagen suya. Desde esta experiencia nace al mismo tiempo la conciencia agradecida y comprometida.

Si soy del Señor, y Él me ha alcanzado con su misericordia; si mi título noble es haber sido perdonado por Jesús, no tengo de qué gloriarme sino de quien es mi Señor y mi Salvador.

Regalo inmerecido

Me confunde que, en medio de mi pobreza, de mi debilidad y bajeza, pueda sentir el amor, la ternura, la paciencia de Dios. Sé que es regalo inmerecido la salida de la tierra de esclavitud y mi liberación interior. Sé que es Providencia divina el pan y el agua al borde del camino, en momentos de extrema necesidad, como alimento del alma. Sé que es la fuerza del Señor la que me sostiene, ante el riesgo de la quiebra de la fidelidad y de la esperanza.

No tengo otro título por el que gloriarme que el de haber sido perdonado, amado, llamado, sostenido, invitado, fortalecido, sanado por el Señor. Y por todo ello, canto mi Magnificat, porque el Señor ha mirado mi humillación, y no me ha dejado permanecer en mi pobreza. Él ha enviado a su ángel para ofrecerme el cáliz de la misericordia, y el consuelo de la certeza de la fidelidad divina. ¡Cómo voy a ser inmisericorde con el prójimo!

 


Agradecemos esta aportación a Don Ángel Moreno de Buenafuente. (Consulta aquí su página web)
 
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¿Cómo pasar de los rezos que cansan a la oración que se disfruta? https://la-oracion.com/como-pasar-de-los-rezos-que-cansan-a-la-oracion-que-se-disfruta/ https://la-oracion.com/como-pasar-de-los-rezos-que-cansan-a-la-oracion-que-se-disfruta/#comments Fri, 17 Feb 2017 15:00:00 +0000 http://www.la-oracion.com/2012/09/05/como-pasar-de-los-rezos-que-cansan-a-la-oracion-que-se-disfruta/ He conocido a muchas personas que pasan de la formalidad de los rezos al gusto por la oración. ¿Cuándo se da el cambio? Normalmente el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios. ¿Cuál es el concepto correcto? y ¿cuáles son las actitudes apropiadas? El siguiente elenco puede iluminar.

Para cada punto hay dos alternativas. Repásalo con calma, preguntándote qué se ajusta más a tu modo de pensar, tu modo de actuar o tu actitud de hecho en el día a día de tu vida de oración.

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He conocido a muchas personas que pasan de la formalidad de los rezos al gusto por la oración. ¿Cuándo se da el cambio? Normalmente el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios. ¿Cuál es el concepto correcto? y ¿cuáles son las actitudes apropiadas? El siguiente elenco puede iluminar.

Para cada punto hay dos alternativas. Repásalo con calma, preguntándote qué se ajusta más a tu modo de pensar, tu modo de actuar o tu actitud de hecho en el día a día de tu vida de oración.

Algunos consejos

¿Recitación o encuentro?

a) Mi oración consiste en rezos, en pronunciar oraciones escritas como si fueran fórmulas mágicas que “funcionan” por sí mismas. Muchas veces las recito de modo impersonal, sin darme cuenta de lo que hago y de lo que digo. Veo la vida de oración sobre todo como un quehacer, como actos o actividades piadosas.
b) Mi oración es un encuentro de amistad con Dios. Creo que es lo más personal de mi vida y abarca toda mi existencia. Mi oración es mi relación viva con Dios, que se concreta en algunos momentos dedicados exclusivamente a Él y que procuro prolongar a lo largo de toda la jornada, sabiendo que Dios me está mirando y cuidando siempre.

Benedicto XVI lo explicaba así en su audiencia general del 1º de agosto de este año: “La relación con Dios es esencial en nuestra vida. Sin la relación con Dios falta la relación fundamental, y la relación con Dios se realiza hablando con Dios, en la oración personal cotidiana y con la participación en los sacramentos; así esta relación puede crecer en nosotros, puede crecer en nosotros la presencia divina que orienta nuestro camino, lo ilumina y lo hace seguro y sereno, incluso en medio de dificultades y peligros”.

¿Formalidades o corazón?

a) Pongo más atención en cumplir la formalidad del rito, en la materialidad de las fórmulas que pronuncio, que en la actitud con que lo hago.

b) Centro mi atención en poner todo el corazón cuando dialogo con Dios.

Jesucristo también “dijo” sus oraciones, rezaba con los Salmos, pero no se quedaba en el rito y la letra, sino que se dirigía a su Padre con todo su corazón de Hijo de manera íntima y afectuosa: le llamaba Abbá, Padre querido.

“Eso hizo Jesús. Incluso en el momento más dramático de su vida terrena, nunca perdió la confianza en el Padre y siempre lo invocó con la intimidad del Hijo amado. En Getsemaní, cuando siente la angustia de la muerte, su oración es: «¡Abba, Padre! Tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres» (Mc 14,36). (…) Tal vez el hombre de hoy no percibe la belleza, la grandeza y el consuelo profundo que se contienen en la palabra «padre» con la que podemos dirigirnos a Dios en la oración, porque hoy a menudo no está suficientemente presente la figura paterna, y con frecuencia incluso no es suficientemente positiva en la vida diaria. (…) Es precisamente el amor de Jesús, el Hijo unigénito —que llega hasta el don de sí mismo en la cruz— el que revela la verdadera naturaleza del Padre: Él es el Amor, y también nosotros, en nuestra oración de hijos, entramos en este circuito de amor, amor de Dios que purifica nuestros deseos, nuestras actitudes marcadas por la cerrazón, por la autosuficiencia, por el egoísmo típicos del hombre viejo”. (Benedicto XVI, 23 de mayo de 2012)

¿Apariencias o verdad?

a) Sobre todo cuido las apariencias exteriores del cumplimiento de mis compromisos espirituales (el hacer). Voy a la oración sólo porque “tengo que cumplir” mis compromisos espirituales y me limito a lo que es obligación estricta. Rezar me resulta fastidioso y digo “tengo que rezar”.

b) Sobre todo cuido la autenticidad profunda de mi encuentro personal con Dios (el ser). Me acerco a Dios con humildad, mi relación con Él es de respeto y confianza. Me presento con toda naturalidad como hijo, criatura, pecador y peregrino, ante su Padre, Creador, Salvador y Guía. Voy a la oración con gusto, “porque quiero” estar con Jesús y digo “quiero orar”.

¿Técnicamente correcto o diálogo familiar?

a) En mi oración me preocupo mucho de aplicar correctamente el método establecido y de cumplir lo que está prescrito. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.” (Mc 7)

b) Mi oración es un diálogo familiar, espontáneo, en un clima de profunda libertad interior, íntimo y lleno de afecto, sobre la base de un método que he venido madurando y personalizando.

¿Palabras y palabras o silencio y escucha?

a) Hablo demasiado en la oración.

b) En mi oración prevalecen el silencio y la escucha.

¿Rutina o frescura?

a) Voy a la oración de manera rutinaria.

b) Procuro afrontar mis espacios de oración de manera siempre fresca.

¿Cronómetro o tiempo de calidad?

a) Me preocupo mucho de medir los tiempos en la oración.

b) Procuro que el tiempo que dedico a Dios sea tiempo de calidad.

¿Mucho pensar o mucha fe?

a) Leo mucho en la meditación, pienso mucho, hago muchos razonamientos, “hago teología”.

b) Lo que más me interesa es Él, Su Palabra, descubrir y disfrutar Su presencia en la Eucaristía y en mi propio corazón en un clima de fe y amor.

¿Dispersión o atención?

a) Mi tiempo de oración se me va en distracciones, estoy disperso, pensando en otras cosas.

b) Mi oración es atención amorosa a la presencia de Dios en mi corazón y en toda la creación y los acontecimientos de mi vida.

“San Ireneo dijo una vez que en la Encarnación el Espíritu Santo se acostumbró a estar en el hombre. En la oración debemos acostumbrarnos a estar con Dios.” (Benedicto XVI, audiencia del 20 de junio de 2012)

¿Un peso que soportar o fuente de paz?

a) Cuando termino de rezar experimento liberación porque ya cumplí. Si en lo que piensas y haces prevalece lo que está escrito en el inciso a) de los 10 puntos, es comprensible que la oración te resulte cansada y fastidiosa. Lo más seguro es que después de un tiempo termines por abandonarla.

b) Cuando termino de rezar experimento la paz que produce el encuentro personal de amor con Dios. Si lo que piensas y haces es lo que está en el inciso b) seguramente disfrutas mucho tu vida de oración. No deja de ser exigente y costosa, pero cada día le tomas más gusto y sientes el deseo y la necesidad de rezar.

Volvemos a la pregunta inicial: ¿Cómo pasar de los rezos que cansan a la oración que se disfruta? Si te identificas con algunas afirmaciones del inciso a) sugiero que tomes una por una y te propongas hacer tuya la afirmación correspondiente del inciso b).

Ten paciencia, la transformación se da paulatinamente. Y lo más importante: Cultiva el deseo de estar a Su lado, de crecer en tu amistad personal con Dios y pídele todos los días: “Señor, enséñame a orar, dame la gracia de amarte cada día más y mejor.”

En el primer párrafo nos preguntábamos también ¿Cuándo se da el cambio? Y respondíamos: Normalmente el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios. Orar es una gracia que Dios nos quiere conceder. Y en nuestra relación con Él, Él da el primer paso. Esta certeza ha de llenarnos de confianza y alentar nuestra perseverancia en la oración cotidiana.

“En la Carta a los Gálatas, de hecho, el Apóstol afirma que el Espíritu clama en nosotros «¡Abba, Padre!»; en la Carta a los Romanos dice que somos nosotros quienes clamamos «¡Abba, Padre!». Y san Pablo quiere darnos a entender que la oración cristiana nunca es, nunca se realiza en sentido único desde nosotros a Dios, no es sólo una «acción nuestra», sino que es expresión de una relación recíproca en la que Dios actúa primero: es el Espíritu Santo quien clama en nosotros, y nosotros podemos clamar porque el impulso viene del Espíritu Santo. Nosotros no podríamos orar si no estuviera inscrito en la profundidad de nuestro corazón el deseo de Dios, el ser hijos de Dios. Desde que existe, el homo sapiens siempre está en busca de Dios, trata de hablar con Dios, porque Dios se ha inscrito a sí mismo en nuestro corazón. Así pues, la primera iniciativa viene de Dios y, con el Bautismo, Dios actúa de nuevo en nosotros, el Espíritu Santo actúa en nosotros; es el primer iniciador de la oración, para que nosotros podamos realmente hablar con Dios y decir «Abba» a Dios”. (Benedicto XVI, 23 de mayo de 2012)


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Al comenzar la meditación enciendo un cirio https://la-oracion.com/al-comenzar-la-meditacion-enciendo-un-cirio/ https://la-oracion.com/al-comenzar-la-meditacion-enciendo-un-cirio/#comments Wed, 15 Feb 2017 16:00:33 +0000 http://www.la-oracion.com/2013/04/17/al-comenzar-la-meditacion-enciendo-un-cirio/ Esta es mi rutina todas las mañanas al comenzar la meditación: Entro a mi habitación, cierro la puerta y las persianas, apago las luces, enciendo un cirio, lo pongo frente al crucifijo, me arrodillo o me siento, y en un ambiente de completo silencio voy a la profundidad del corazón: “Cuando ores, entra en tu alcoba, y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en lo secreto.” Mt 6,6

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Esta es mi rutina todas las mañanas al comenzar la meditación: Entro a mi habitación, cierro la puerta y las persianas, apago las luces, enciendo un cirio, lo pongo frente al crucifijo, me arrodillo o me siento, y en un ambiente de completo silencio voy a la profundidad del corazón: “Cuando ores, entra en tu alcoba, y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en lo secreto.” Mt 6,6

Ora en silencio. Aléjate del bullicio exterior y sobre todo interior

Busco la calma, callo todo aquello que no me lleva al encuentro conmigo mismo y con Dios. El silencio es la frecuencia para el encuentro con Dios. Debe reinar el silencio para escuchar a Dios, sobre todo silencio en el corazón. El silencio requerido para la meditación debe ser no sólo de ruidos exteriores, también y sobre todo de los ruidos interiores que provocan la imaginación, la memoria y las emociones.

Para este momento San Anselmo escribe: “Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes;  aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él.” (San Anselmo)

Jesús buscó siempre el silencio. El silencio del corazón de María el día de la anunciación, el silencio de la cueva de Belén, el silencio de la casita humilde en Nazaret, el silencio del desierto al comenzar la vida pública, el silencio de las noches de oración, el silencio del huerto de los olivos, el silencio de la cruz, del sábado santo y de la resurrección. Hoy está en el silencio del Sagrario y te espera en el silencio de tu corazón. Quiere que en él encuentres un silencio sonoro: la irrupción del mismo Espíritu que se hizo presente en la comunidad de los apóstoles y se posó sobre cada uno de ellos cuando estaban en oración (Hechos 1,14; 2,1)

Llama que arde como la presencia de Dios vivo

El silencio es la puerta de acceso al corazón. El silencio y la soledad son preparación para el encuentro con Dios; el encuentro con Dios es comunión y plenitud. Primero es ausencia de interferencias, luego es el ambiente propicio para la escucha, luego la unión de corazones: un silencio fascinante, fecundo, revelador.

Veo con toda calma la llama del cirio: humilde, serena, ardiente, luminosa. Cierro los ojos y con la mirada interior, la de la fe, traigo a la memoria la llama que el Espíritu Santo encendió en lo más profundo de mi corazón el día de mi Bautismo. Esa llama que arde en lo más profundo de mi ser es la presencia de Dios vivo. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” 1 Cor 3,16

“Di, pues, alma mía, di a Dios: ‘Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro.’ Y ahora, Señor,  mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.” (San Anselmo)

El silencio ahora es atención amorosa a la presencia oculta de Dios en el corazón: “Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior, estarse amando al amado.” (Suma de perfección, San Juan de la Cruz) Ya en la presencia de Dios, permaneces en sus brazos: “callado y tranquilo, como un niño recién amamantado en brazos de su madre.” (Sal 131) Y entonces te quedas envuelto en la presencia de Aquél en quien “vivimos, nos movemos y existimos”  (He 17, 28)


Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)

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4 artículos para el día de la amistad https://la-oracion.com/4-articulos-dia-la-amistad/ https://la-oracion.com/4-articulos-dia-la-amistad/#respond Mon, 13 Feb 2017 19:01:30 +0000 https://la-oracion.com/?p=9396 Con motivo del día del amor y la amistad, recopilamos los mejores artículos relacionados con este tema: Da click en los títulos para dirigirte a cada artículo. Trato de amistad y amor eterno Conocemos la definición de la oración que [...]

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Con motivo del día del amor y la amistad, recopilamos los mejores artículos relacionados con este tema:

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Trato de amistad y amor eterno

Conocemos la definición de la oración que nos ofrece Santa Teresa donde evidencia que la oración es una relación de amistad con Cristo:  “No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. (Libro de la vida, 8,5)

Cómo convencer a mis amigos para que oren

Es ya famosa la frase de Nietzsche de que los cristianos no tienen cara de resucitados. Y creo que tiene razón. Si nos detenemos en un semáforo cualquiera de nuestra ciudad y miramos las caras de los viandantes, ¿cuántos están sonriendo? ¿Tú sonríes?

Y no es que sea una sonrisa hueca, como de alguien que no está sufriendo. No. Es esa sonrisa que uno ha pulido en su oración, en el trato con Dios. Una sonrisa que florece incluso a pesar del dolor y las lágrimas. Y es que una sonrisa muchas veces predica mucho más que un sermón preparado por horas por el mejor de los predicadores. Es el lema de la orden de los dominicos: contemplar para luego predicar.

Santa Gertrudis: la oración, entre amigos, es mejor

De la vida de esta gran mística podemos aprender algo muy importante para nuestra vida en el mundo de hoy: la fe no se vive en solitario. O, por lo menos, es muy difícil vivirla. En un mundo tan agresivo como el nuestro, tan contrario a lo que queremos vivir, la compañía de personas que nos apoyen, que crean como nosotros, que luchen como nosotros, es fundamental.

¿Cómo orar por mis amigos que sufren?

Ahora bien, yo siempre me he preguntado qué decir o hacer cuando un amigo mío sufre profundamente. Pienso en la muerte de un ser querido, en los momentos de depresión más fuerte, … ¿Qué se le puede decir? ¿Qué oración invitarle a hacer?


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Recibe cada día la oración del Espíritu Santo en tu celular https://la-oracion.com/recibe-dia-la-oracion-del-espiritu-santo-celular/ https://la-oracion.com/recibe-dia-la-oracion-del-espiritu-santo-celular/#comments Mon, 13 Feb 2017 17:22:08 +0000 https://la-oracion.com/?p=9391 Para recibir diariamente la oración al Espíritu Santo del P. Evaristo Sada, LC en tu WhatsApp: 1. Añade el teléfono + 52 1 55 1155 7926 a la lista de contactos de tu celular. (Si no lo haces, no te [...]

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Para recibir diariamente la oración al Espíritu Santo del P. Evaristo Sada, LC en tu WhatsApp:

1. Añade el teléfono + 52 1 55 1155 7926 a la lista de contactos de tu celular. (Si no lo haces, no te llegará)

2. Envía a ese número un WhatsApp diciendo que quieres recibir la oración diaria

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Ejemplos de cómo se aprender a rezar viendo a otros rezar https://la-oracion.com/ejemplos-de-como-se-aprender-a-rezar-viendo-a-otros-rezar/ https://la-oracion.com/ejemplos-de-como-se-aprender-a-rezar-viendo-a-otros-rezar/#respond Mon, 13 Feb 2017 16:00:46 +0000 http://www.la-oracion.com/2014/01/16/ejemplos-de-como-se-aprender-a-rezar-viendo-a-otros-rezar/ Pocas cosas tan eficaces para aprender a orar o para ir más a fondo en la vida de oración como el testimonio de un genuino orante. Cito varios ejemplos.

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Pocas cosas tan eficaces para aprender a orar o para ir más a fondo en la vida de oración como el testimonio de un genuino orante. Cito varios ejemplos:

¿Cómo rezan los demás?

Confianza, amor, abandono en la oración

En mi vida sacerdotal he escuchado a muchos laicos decir cosas como éstas: “Vi a un hombre en adoración eucarística, me impresionó cómo se miraban él y Cristo Eucaristía; yo quiero aprender a orar así“; “Participé en un Rosario comunitario con un grupo de amigos, al ver a ese hombre de rodillas ante la imagen de Nuestra Señora y al escuchar la profunda piedad con que saboreaba cada Ave María, entendí que tenía a la Virgen delante, que de verdad hablaba con ella; yo quisiera rezar con esa fe”; “Fui a la Villa de Guadalupe y vi a una mujer enferma con un crucifijo en las manos; miraba con confianza a la Santísima Virgen, cerraba los ojos, apretaba el crucifijo y allí se quedaba largo rato sumida en oración, su actitud de confianza y abandono me hizo reaccionar: también yo debo ser un hombre de oración para afrontar bien mis sufrimientos.”

Y conversando con mis hermanos sacerdotes, tantas veces hemos comentado que al leer las escritos de los santos, la manera en que se llevan con Dios, el grado de intimidad que alcanzan en su relación con Él, la fe y la fortaleza con que afrontan los retos de la vida, sentimos un profundo deseo de ser hombres de oración. Nos sucede lo mismo ante el testimonio de algún hermano de la comunidad que visita con frecuencia a Cristo Eucaristía, o que al predicar se percibe de inmediato que comparte no sólo lo que ha estudiado sino sobre todo lo que ha aprendido en el contacto directo con Dios en la oración. He tenido superiores que ante ciertas situaciones difíciles, más que ponerse a discurrir, me han dicho: “Vámonos a la capilla, esto se arregla ante el Sagrario” y esas experiencias han sido para mí más valiosas y eficaces que cientos de conferencias y exhortaciones que he escuchado sobre la oración cristiana.

No hay reglas para orar, si lo haces con el corazón

Hans Urs Von Balthasar, en su libro ¿Por qué me hice sacerdote? narra el testimonio de oración en casa de la familia Duval:

“En casa, nada de piedad expansiva y solemne; sólo cada día el rezo del rosario en común, pero es algo que recuerdo claramente y que lo recordaré mientras viva… Yo iba aprendiendo que hace falta hablar con Dios despacio, seria y delicadamente. Es curioso cómo me acuerdo de la postura de mi padre. Él, que por sus trabajos en el campo o por el acarreo de madera siempre estaba cansado, que no se avergonzaba de manifestarlo al volver a casa; después de cenar se arrodillaba, los codos sobre la silla, la frente entre sus manos, sin mirar a sus hijos, sin un movimiento, sin impacientarse. Y yo pensaba: Mi padre, que es tan valiente, que es insensible ante la mala suerte y no se inmuta ante el alcalde, los ricos y los malos, ahora se hace un niño pequeño ante Dios. ¡Cómo cambia para hablar con Dios! Debe ser muy grande Dios para que mi padre se arrodille ante él y también muy bueno para que se ponga a hablarle sin mudarse de ropa.

En cambio, a mi madre nunca la vi de rodillas. Demasiado cansada, se sentaba en medio, el más pequeño en sus brazos, su vestido negro hasta los tacones, sus hermosos cabellos caídos sobre el cuello, y todos nosotros a su alrededor, muy cerquita de ella. Musitaba las oraciones de punta a cabo, sin perder una sílaba, todo en voz baja. Lo más curioso es que no paraba de mirarnos, uno tras otro, una mirada para uno, más larga para los pequeños. Nos miraba, pero no decía nada. Nunca, aunque los pequeños enredasen o hablasen en voz baja, aunque la tormenta cayese sobre la casa, aunque el gato volcase algún puchero. Y yo pensaba: Debe ser sencillo Dios cuando se le puede hablar teniendo un niño en brazos y en delantal. Y debe ser una persona muy importante para que mi madre no haga caso ni del gato ni de la tormenta.

Las manos de mi padre, los labios de mi madre me enseñaron de Dios más que mi catecismo” (Hans Urs Von Balthasar “Por qué me hice sacerdote?, Salamanca 1992, 32-33)

Los discípulos en la oración

Y para no ir más lejos, recordemos el ejemplo de los discípulos de Jesús, que al verle orar le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1) ¿Qué habrán visto en el modo de orar de Jesús que les resultó tan atractivo?

Entonces, algunas lecciones que podemos sacar de aquí:

1. Para aprender a orar, estemos cerca de grandes orantes.

2. Si queremos ayudar a otros a acercarse a Dios o a mejorar su vida de oración, más vale el testimonio que muchas teorías.

3. Tengamos presente el valor de la oración comunitaria y superemos la vergüenza de orar con piedad delante de otras personas

Seguramente ustedes tienen experiencias en este sentido o podrían sacar otras lecciones además de las tres que acabo de mencionar; les invito a compartirlas.


Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)

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Confianza en Dios https://la-oracion.com/confianza-en-dios/ https://la-oracion.com/confianza-en-dios/#comments Mon, 13 Feb 2017 04:31:29 +0000 http://www.la-oracion.com/2015/06/02/confianza-en-dios/ Llegué confiada a tu puerto, ese hogar nuevo y seguro donde el destino era incierto mas el fin diáfano, puro. Hallé a tus pies mi refugio y en tu Amor dulce sosiego que me hizo más llevadero tu yugo, Señor, [...]

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Llegué confiada a tu puerto,
ese hogar nuevo y seguro
donde el destino era incierto
mas el fin diáfano, puro.
Hallé a tus pies mi refugio
y en tu Amor dulce sosiego
que me hizo más llevadero
tu yugo, Señor, tu yugo.

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Oración por la vocación de los hijos. https://la-oracion.com/oracion-por-la-vocacion-de-los-hijos/ https://la-oracion.com/oracion-por-la-vocacion-de-los-hijos/#respond Sun, 12 Feb 2017 15:10:15 +0000 http://www.la-oracion.com/2014/05/20/oracion-por-la-vocacion-de-los-hijos/ Señor, te pido por las vocaciones de mis hijos, que sea cual sea la que hayas determinado para cada uno de ellos, obtengan la gracia de descubrirla y aceptarla conforme a tu voluntad, y se entreguen dócil y generosamente a [...]

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Señor, te pido por las vocaciones
de mis hijos, que sea cual sea
la que hayas determinado
para cada uno de ellos,
obtengan la gracia de descubrirla
y aceptarla conforme a tu voluntad,
y se entreguen dócil y generosamente a él, cumpliendo fielmente los deberes
que la misma les imponga.  Amén.

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