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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

(Zac 9, 9-10; Sal 144; Rom 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30)

LECTURAS

Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. (Zac 9, 9)

El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. (Sal 144)

Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros. (Rom 8,11)

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré." (Mt 11,28)

Con cierta frecuencia, tal vez más en estos últimos tiempos, nos invitan en las iglesias a rezar por las vocaciones. Suele suceder al final de la celebración eucarística después del silencio de la comunión y les confieso que, como sacerdote, para mí a veces es motivo de algunas distracciones. No sé qué les venga a la cabeza a cada uno de ustedes cuando nos hacen esa petición, pero el espectáculo que se contempla desde el presbiterio es de lo más variopinto.

Veo morir a un padre y un amigo. Su cuerpo no da para más. Se va apagando poco a poco. Mucho sufrimiento y mucha paz. Su rostro: sereno pero parece que quiere llorar. Lo que pasa en su interior en estos momentos: un misterio. Su comunicación con nosotros es ya muy limitada, pero tengo la certeza de que su intimidad con Cristo crucificado es inmensa. Me imagino a Jesús tomándole la cabeza y recostándolo sobre su pecho, mientras le dice: Has combatido bien tu combate, has corrido hasta la meta, has mantenido la fe (cfr.2 Tim 4,7), pronto descansarás en mis brazos para toda la eternidad.

¿Por qué, Señor, te muestras vulnerable, si has vencido a la muerte, y permaneces vivo y resucitado?

¿Por qué invitaste a tu discípulo a introducir su mano en la herida de tu pecho, y le dejaste palpar tu carne traspasada?

¿Qué mensaje me quieres dar al mostrarme tus llagas, si ya vives glorioso, y la muerte no tiene dominio sobre ti?

Conoces la naturaleza humana, y en qué es más sensible y se hiere más: por las relaciones. Al contemplar tu costado abierto, me consuelas el sentimiento dolorido, por tantos deseos insatisfechos, por la torpeza de mi afán posesivo y por la soledad del alma.

Muchas de las personas que comienzan a orar se ponen la pregunta si deben dar prioridad a la mente o al corazón.Sabemos que naturalmente existen personas en la que se da una preponderancia espontánea en su carácter de la parte más cerebral u otras son más emotivas. Como principio cada persona debe orar como es, debe partir del terreno que tiene, de los talentos que Dios le ha dado. Una persona más cerebral comenzará su oración dando una cierta importancia a las ideas; otra más emotiva o afectiva, a los sentimientos del corazón o a los coloquios.

 

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